Cocina colombiana reinventada: fusión latina en Chía

Chef de 3 Soles en cocina con delantal y chaqueta de gastronomía en Chía

Hay algo raro en decir que un plato colombiano está «reinventado». La cocina colombiana ya viene reinventándose sola desde hace siglos, mezclando lo indígena, lo español y lo africano en cada región. Lo que hace 3 Soles no es tan distinto en el fondo: seguir esa misma lógica de mezcla, pero sumando ingredientes y técnicas de México y Perú a la ecuación, en lugar de detenerse en las influencias que ya llevan siglos asentadas.

El resultado no siempre es un plato con nombre nuevo. A veces es tan simple como un ajiaco que sigue siendo ajiaco, servido junto a un ceviche peruano y unos tacos mexicanos en la misma mesa, para que cada quien arme su propia versión de la fusión sin que el restaurante tenga que inventarse un plato con nombre rimbombante para justificarlo.

Una fusión que no necesita nombres complicados

Muchos restaurantes que se venden como «fusión» caen en la trampa de ponerle nombres extraños a cosas simples, como si el nombre complicado justificara el precio. 3 Soles no parece necesitar ese truco: el chaufa sigue llamándose chaufa, la birria sigue siendo birria, y el ajiaco no se convierte en «sopa ancestral reinterpretada». La fusión pasa por la técnica y el ingrediente, no por el nombre en la carta, lo cual honestamente se agradece cuando uno solo quiere saber qué está pidiendo.

Dónde se nota más la reinvención

Hay platos en la carta donde la mezcla es más literal. El chaufa de camarón, por ejemplo, es la técnica chino-peruana aplicada con un ingrediente que cualquier colombiano reconoce. Las arepitas de birria hacen lo contrario: toman algo profundamente colombiano, la arepa, y la rellenan con birria mexicana. Ninguno de los dos platos pretende ser más auténtico que el otro; ambos son honestos sobre lo que son.

Otros ejemplos menos obvios: el pollo en salsa de uchuva usa una fruta típica de los Andes colombianos en una preparación que bien podría pasar por mexicana. Y la bondiola en salsa de curuba lleva otra fruta local a un plato de cerdo que normalmente uno esperaría con salsas más clásicas. En ambos casos, la fruta colombiana es la que hace el trabajo de diferenciación, sin necesidad de ingredientes importados ni técnicas complicadas.

El papel de las frutas locales en esta fusión

Si hay un patrón que se repite en varios platos de la carta, es el uso de frutas colombianas poco comunes en la cocina tradicional del país: uchuva, curuba, camu camu, lulo. Ninguna de estas frutas es exótica para un colombiano, pero tampoco es habitual verlas protagonizando salsas de platos fuertes. Ese detalle es quizás el sello más consistente de la fusión que maneja el restaurante: no se trata de traer ingredientes de otros países, sino de darle a los ingredientes locales un uso que normalmente no tendrían.

Si tienes poco tiempo, pide esto

Para entender de una vez esta mezcla, pide las arepitas de birria ($39.100) de entrada y sigue con el chaufa de camarón ($46.900) como plato fuerte. Son dos ejemplos claros de cómo se ve la fusión latina cuando funciona bien: cada uno toma algo reconocible de una cultura y lo combina con la técnica o el ingrediente de otra, sin que el resultado se sienta forzado.

Por qué esto importa más allá del plato

No es solo una estrategia de menú. Los platos más pedidos del restaurante confirman que la gente sí busca esta mezcla, no solo la tolera.

Y si quieres profundizar en el origen de uno de los ingredientes estrella de esta fusión, la historia del arroz chaufa explica por qué esta combinación funciona desde hace más de un siglo en otro contexto completamente distinto: la migración china al Perú, un proceso histórico que no tiene nada que ver con Colombia pero que terminó influyendo, indirectamente, en lo que hoy se sirve en un restaurante campestre en Chía.

Lo que se pierde y lo que se gana al fusionar

Toda fusión implica una negociación. Al mezclar cocinas, algunos platos pierden algo de su forma más pura, mientras ganan una identidad nueva que no existiría de otra manera. El chaufa de camarón, por ejemplo, no es tan auténticamente peruano como uno preparado en un chifa de Lima, pero tampoco pretende serlo. Es su propia versión, hecha en Chía, con ingredientes disponibles en Colombia, y eso también tiene valor propio.

Preguntas frecuentes

¿Los platos colombianos pierden su identidad al fusionarse?

No necesariamente. En la mayoría de los casos, el plato colombiano se mantiene reconocible; lo que cambia es lo que lo acompaña en la mesa o algún ingrediente puntual.

¿Cuál es el plato más representativo de esta fusión?

Depende del gusto, pero las arepitas de birria y el chaufa de camarón suelen ser los que más sorprenden a quienes visitan el restaurante por primera vez.

¿Hay opciones sin mezclar, más tradicionales?

Sí, platos como el ajiaco o el caldo de costilla se mantienen fieles a la receta colombiana clásica, sin intervención de otras cocinas.

¿Qué frutas colombianas se usan en la fusión?

La uchuva, la curuba, el camu camu y el lulo aparecen en distintos platos y bebidas de la carta, cada una aportando un perfil de sabor distinto.

Si quieres probar esta fusión en persona, reserva tu mesa aquí.

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